¿A dónde se va el agua del río Pixquiac?

¿A dónde se va el agua del río Pixquiac?

El río Pixquiac, una de las principales fuentes de agua para la zona metropolitana de Xalapa, enfrenta una crisis silenciosa. Aunque nace en las faldas del Cofre de Perote, dentro de uno de los ecosistemas más importantes del estado, gran parte de su caudal es captado para abastecer a la capital veracruzana, hasta el punto de que durante la temporada de estiaje el río llega a desaparecer en varios tramos de su recorrido.

La situación plantea una pregunta que cada vez preocupa más a especialistas, comunidades rurales y organizaciones ambientales: ¿a dónde se va el agua del Pixquiac?

El río que alimenta a Xalapa

La cuenca del Pixquiac aporta entre el 38% y el 40% del agua que consume Xalapa. Su importancia es enorme para una ciudad de más de medio millón de habitantes que depende de este sistema hídrico para garantizar el suministro diario.

Lamentablemente enfrenta una presión creciente por la demanda urbana, la deforestación y los cambios en las condiciones climáticas.

Durante los meses secos, gran parte del agua es desviada mediante presas derivadoras operadas para abastecimiento público. Estas infraestructuras no almacenan agua; la captan directamente del cauce y la envían a la red de distribución.

Cuando el río deja de correr

Desde hace varios años se ha venido documentado un fenómeno preocupante: en varios periodos de estiaje, el caudal aguas abajo de la presa Medio Pixquiac llegó a ser prácticamente nulo.

Los estudios encontraron que durante algunos meses la extracción alcanzó el 100% del volumen disponible en el río. En otras palabras, toda el agua que llegaba a la presa llega a ser desviada para consumo humano.

La situación se vuelve más crítica cuando el flujo natural disminuye. En abril de 2023, por ejemplo, el río transportaba menos agua de la autorizada para extracción, lo que provocó que el cauce quedara seco después del punto de captación.

Especialistas señalan que para mantener la salud ecológica del sistema debería respetarse el caudal ecológico que no es otra cosa que el mínimo de agua que permita la supervivencia de especies acuáticas y la continuidad del flujo hacia las comunidades ubicadas río abajo.

Nombre de la presa Gasto asignado (L/s) Estado en temporada de estiaje
Alto Pixquiac 250 L/s Captura el flujo de ocho manantiales en el municipio de Las Vigas.
Medio Pixquiac 250 L/s Crítico: extrae el 100% del volumen disponible durante los meses secos.
Xocoyolapa 100 L/s Deja el cauce seco en su punto de extracción.
Agüita Fría 30 L/s Irregular: está activa y es operada por CMAS, pero no cuenta con registro oficial en el REPDA.
Total 630 L/s Volumen total asignado en las cinco captaciones.

La geología también juega un papel

La desaparición del agua no se explica únicamente por las extracciones.

En varios puntos del recorrido, especialmente en la zona de La Pitaya y la colonia Seis de enero en Zoncuantla, el río atraviesa formaciones de roca caliza fracturadas. Estas estructuras funcionan como drenajes naturales que permiten que parte del agua se infiltre al subsuelo.

Entre los sitios identificados destacan grietas y resumideros capaces de absorber decenas de litros por segundo (120 l/s). Cuando el río llega debilitado por la captación humana, estas pérdidas naturales terminan por consumir el flujo restante.

Aunque el agua no desaparece completamente del sistema hidrológico, sí deja de circular por la superficie, afectando a comunidades y ecosistemas que dependen del cauce visible.

Impactos ambientales y sociales

La reducción del caudal tiene consecuencias que van más allá del paisaje.

Las localidades rurales ubicadas a lo largo de la cuenca dependen del río para actividades domésticas y productivas. Cuando el agua deja de correr, aumenta la vulnerabilidad de estas comunidades.

Desde el punto de vista ambiental, la situación afecta la biodiversidad acuática y altera procesos ecológicos esenciales. Además, la deforestación en zonas altas de la cuenca reduce la capacidad del suelo para infiltrar y almacenar agua, agravando la escasez durante la temporada seca.

Paradójicamente, la propia Xalapa también enfrenta riesgos. La ciudad depende en gran medida de fuentes superficiales y cuenta con capacidad limitada de almacenamiento, por lo que una disminución severa del caudal podría comprometer el abastecimiento en cuestión de días.

El desafío para el futuro

Especialistas coinciden en que la solución no pasa únicamente por buscar nuevas fuentes de agua. La prioridad debe centrarse en proteger la cuenca que ya existe.

Entre las medidas propuestas destacan la actualización periódica de concesiones de extracción, el establecimiento de caudales ecológicos obligatorios, la restauración forestal de zonas de recarga y una mayor inversión en captación de agua de lluvia y almacenamiento urbano.

El caso del Pixquiac refleja un desafío que se repite en distintas regiones del país: equilibrar las necesidades de una población creciente con la conservación de los ecosistemas que hacen posible el suministro de agua.

Porque la respuesta a la pregunta de dónde se va el río Pixquiac es compleja. Una parte llega a los hogares de Xalapa. Otra se infiltra entre las rocas de la montaña. Pero cada año, una porción cada vez más grande parece perderse entre la presión humana y la falta de gestión sostenible de una de las cuencas más importantes de Veracruz.

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