El Sordo ¿un río muerto?

El río Sordo, que atraviesa zonas de los municipios de Xalapa y Coatepec antes de desembocar en el río Pixquiac, a la altura de Puerto Rico, Coatepec, enfrenta desde hace décadas una grave crisis ambiental. La descarga continua de aguas residuales, basura y diversos contaminantes ha degradado severamente su ecosistema, convirtiéndolo en uno de los cuerpos de agua más contaminados de la región y generando riesgos crecientes para la salud pública.

Considerado por especialistas y ambientalistas como uno de los ejemplos más críticos del deterioro de los cuerpos de agua urbanos en Veracruz, el río se ha transformado en un canal de aguas negras que recibe gran parte de los desechos generados por la capital del estado. Se estima que alrededor del 90 por ciento de las descargas domésticas provenientes de más de 450 colonias terminan en su cauce, mientras que al menos 11 colonias sin servicios adecuados de saneamiento vierten aguas residuales directamente a través del arroyo Papas, uno de sus principales afluentes.

El río Sordo nace en las lomas cercanas a Tlalnehuayocan y se alimenta de arroyos como El Papas y El Carneros. Su recorrido incluye zonas como Coapexpan y el Jardín Botánico Francisco Javier Clavijero antes de unirse al río Pixquiac, tributario de la cuenca del río La Antigua.

Una mezcla de contaminantes

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Restos de un perro a la orilla del río

Además de aguas residuales domésticas, el afluente recibe residuos comerciales, animales muertos, hidrocarburos provenientes de talleres y gasolineras, detergentes, pesticidas y restos de productos farmacéuticos. Estudios ambientales también han detectado elevadas concentraciones de nutrientes como nitratos, fosfatos, nitrógeno y fósforo, así como la presencia de metales pesados, entre ellos plomo, cadmio, mercurio, níquel y arsénico.

A ello se suman microplásticos, espuma generada por detergentes y altos niveles de materia orgánica en descomposición, factores que han alterado significativamente la calidad del agua y reducido la capacidad natural de recuperación del ecosistema.

Las condiciones sanitarias son motivo de preocupación. Monitoreos han registrado concentraciones de entre mil 200 y tres mil 600 coliformes por cada 100 mililitros de agua, niveles que superan ampliamente los parámetros considerados seguros para la salud humana. La contaminación provoca olores fétidos persistentes, especialmente durante la temporada de estiaje, cuando disminuye el caudal y los residuos se concentran en distintos puntos del cauce.

Riesgos para la población

Ante este panorama, el Instituto de Ecología (Inecol) planteó un proyecto de fitorremediación y ficoremediación basado en plantas flotantes y organismos naturales para reducir la carga contaminante del agua. La iniciativa, respaldada por una amplia investigación, busca recuperar gradualmente la calidad ambiental de los cuerpos de agua mediante procesos biológicos de filtración y absorción de contaminantes.

Habitantes de colonias asentadas junto al río han denunciado afectaciones constantes. En la colonia Veracruz, por ejemplo, alrededor de 50 familias enfrentan problemas derivados de la contaminación, que incluyen malos olores permanentes y condiciones insalubres en su entorno.

Especialistas también han advertido que el uso de agua contaminada para el riego agrícola, particularmente en cultivos de caña, representa un riesgo potencial para la salud pública debido a la presencia de materia fecal y otros contaminantes biológicos.

La situación se agrava debido a que una parte importante de las aguas residuales generadas en la zona metropolitana continúa sin recibir tratamiento adecuado antes de ser descargada a los cuerpos de agua.

Esfuerzos de saneamiento

Paralelamente, organizaciones ambientales y académicas impulsan proyectos de restauración ecológica basados en la reforestación de las zonas ribereñas. Estas acciones contemplan la plantación de especies arbóreas capaces de retener bacterias, absorber contaminantes a través de sus raíces y mejorar la oxigenación del ecosistema acuático.

Sin embargo, especialistas advierten que las acciones actuales resultan insuficientes sin una infraestructura integral de saneamiento. La planta de tratamiento denominada “Xalapa Sur”, propuesta hace más de una década para atender parte de las descargas que llegan al río, nunca fue construida, mientras que se estima que alrededor del 60 por ciento de las aguas residuales generadas en la ciudad continúan sin tratamiento.

Una oportunidad derivada de una resolución judicial

A las iniciativas científicas y comunitarias se suma ahora una vía legal que podría favorecer la recuperación del río Sordo.

En 2025, la Asamblea del Agua de los Pueblos Unidos de la Cuenca La Antigua por los Ríos Libres y Limpios (PUCARL) y la organización Territorios Diversos para la Vida (TerraVida) obtuvieron una suspensión judicial dentro del juicio de amparo 244/2025 para obligar a autoridades federales, estatales y municipales a implementar acciones urgentes contra la contaminación por aguas residuales en los ríos y humedales de la cuenca del río La Antigua.

La resolución ordena medidas encaminadas a reducir las descargas contaminantes, mejorar los sistemas de tratamiento de aguas residuales y proteger los ecosistemas acuáticos afectados. Aunque la suspensión no está dirigida específicamente al río Sordo, especialistas consideran que su cumplimiento podría generar beneficios directos para este afluente debido a su conexión hidrológica con el río Pixquiac y, posteriormente, con la cuenca de La Antigua.

El impacto de esta resolución dependerá en gran medida de que los municipios de Xalapa y Coatepec atiendan las obligaciones establecidas por la autoridad judicial, particularmente en materia de saneamiento, control de descargas y restauración ambiental.

Un reto pendiente

Mientras continúan los esfuerzos de investigación, restauración ecológica y defensa jurídica del agua, ambientalistas, académicos y vecinos coinciden en que la recuperación del río Sordo requerirá inversiones sostenidas, vigilancia permanente, ampliación de la infraestructura sanitaria y una estrategia integral de gestión hídrica.

La magnitud del problema refleja décadas de crecimiento urbano sin un manejo adecuado de las aguas residuales. Sin embargo, la combinación de proyectos científicos, restauración ecológica y resoluciones judiciales abre una ventana de oportunidad para revertir el deterioro de uno de los afluentes más contaminados de la zona metropolitana de Xalapa y una de las principales fuentes de contaminación que afectan a la cuenca del río La Antigua.


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